
Un laico presenta la "Caritas in veritate" V parte
Por el rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Pedro P. Rosso
SANTIAGO, sábado, 25 julio 2009 (ZENIT.org)
Caritas in veritate es el testimonio del Pastor sereno, que anima a la familia humana a sumarse a un proyecto centrado en el bien, la verdad y la justicia y proclama con fuerza la necesidad de una comunión fraterna, basada en la libertad y en la mutua responsabilidad. El Pastor que "se puso a enseñarles con calma" (Mc 6, 30-34), ofreciéndoles el pan y el agua de la Palabra. Reconfortándolos con su esperanza.
Esperanza que está expresada en la idea central que articula y sustenta toda la encíclica. ¿Cuál es esta idea central? El mismo Benedicto XVI, en la audiencia general del día 8 de julio pasado, respondió personalmente esa pregunta diciendo: "La caridad en la verdad es la principal fuerza propulsora para el verdadero desarrollo de cada persona y de toda la humanidad".
Es decir, el Papa nos enseña que para hacer de la humanidad una verdadera familia, cuyas relaciones sean dictadas por la fraternidad, debemos reconsiderar el amor en la verdad como una fuerza social fundamental. Esta afirmación nos conduce a dos contenidos de Caritas in veritate que, por su importancia, he preferido analizar después de aquellos temas más directamente relacionados con la doctrina social. Me refiero a la Introducción y a la Conclusión.
La Introducción se inicia, precisamente, con la frase aludida por Benedicto XVI en la audiencia general. Es la frase que ilumina y otorga su pleno sentido a toda la encíclica: "La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad".
Ella contiene la respuesta de la Iglesia a los problemas del desarrollo: amor en la verdad de Cristo. Una respuesta que depende de cada persona y de su forma de concebir la libertad y vivir su fe. Y, a la vez, una visión del desarrollo y de la globalización que pone en el centro a las personas, como únicas protagonistas del proceso.
De esta manera el Santo Padre nos invita, a cada uno de nosotros, a ser los constructores de un mundo mejor a partir de nuestra propia vida, dejando que, mediante la gracia, podamos ser testigos del amor, el amor en la verdad de Cristo: un "amor recibido y ofrecido...que brota del Padre por el Hijo, en el Espíritu Santo...que desde el Hijo desciende sobre nosotros" (CV nº 5).
El Papa nos enseña que vivir en la plenitud de ese amor implica asumir el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros. Es decir, negarse a sí mismo, para hacer únicamente la voluntad del Padre. Amar, no según nuestras categorías y egoísmos, sino con la gratuidad, entrega e incondicionalidad de Cristo. Sólo en ese proyecto cada cual encontrará su verdad y podrá ser un apóstol de la Verdad. Esa es la base del nuevo humanismo que permitirá al hombre contemporáneo abrir el camino del auténtico desarrollo.
"El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don", nos dice, nos grita, Benedicto XVI.
La tarea que nos propone es radical e inmensa, imposible de realizar sin el auxilio de la gracia. Por eso, en la conclusión de Caritas in veritate, el Santo Padre nos anima a iniciar ese camino, personal y comunitario, recordándonos que: "La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas...Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande".
Muchas gracias.
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