Dialoguemos
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LAS SEÑALES DE LA TIERRA

 “Aquel que permanece impasible,
aquel que no puede contemplar o conocer
el estremecimiento del alma ante la fascinación,
bien podría estar muerto,
puesto que ya ha cerrado los ojos a la vida”.
Albert Einstein

 

1. Los imprevistos

Desde las épocas más remotas hasta el tiempo actual, la vida humana ha estado acompañada por diversos factores como la sorpresa, el misterio y lo inevitable.
Algunos sueñan con encontrar el medio electrónico o la fórmula mágica que les avise con anterioridad la llegada de una avalancha, un terremoto o un cambio planetario.  Las diferentes sociedades han invertido gran parte de sus recursos económicos y humanos con el objetivo claro de encontrar respuestas más acertadas frente a los fenómenos planetarios y, en concreto, frente a los cambios que presenta la tierra.

Esa actividad cambiante de la tierra hizo sentir su fuerza el pasado 12 de enero, por medio de un  terremoto de 7.0 grados Richter, que dejó a la población de Haití sumida en la desolación y la ruina: más de 150.000 muertos, miles de heridos  y la destrucción casi total de edificios y viviendas.  La inmensa mayoría de sus habitantes se sintieron impotentes ante este fenómeno natural que no les dio tiempo de reaccionar.  Todo fue sorpresivo.

En la noche, cuando una inmensa mayoría se ha desconectado del ruido, del trabajo y duerme plácidamente, las cosas pueden continuar en la normalidad o/y algo extraño puede suceder. 

Todo un país como Chile sufrió uno de los terremotos más drásticos de su historia, 8.8º grados Richter, el pasado 27 de febrero, con el suficiente poder para dejar por tierra todas las construcciones y causar la muerte a sus habitantes.  Esa fue la primera impresión de quienes lo registraron y de aquellos que escuchamos la noticia: “todo se destruyó”. Afortunadamente, la realidad no fue tan extrema como se creía y este país puede seguir su lucha por la reconstrucción.

Sí hay víctimas mortales, en la actualidad más de 799.  Como personas de fe, nos unimos al dolor de sus familias y comunidades;  seguimos orando para que el Señor de la vida les conceda su pascua y los acoja en su reino celestial.

También hay destrucción de casas, edificios, avenidas y gran cantidad de heridos. Esta realidad nos llama a ser solidarios y a brindar una ayuda oportuna y de acuerdo con nuestras capacidades.   

2. La preparación

Frente a estos hechos y los que vendrán, la humanidad hasta el presente tiene pocas alternativas de solución. Frente a los imprevistos tenemos pocas salidas, sólo nos queda la preparación.

Preparación externa.
Estos dos países, Haití y Chile, nos enseñan con su ejemplo. Haití, por su pobreza, corrupción administrativa y otros males, no ha podido hacer construcciones anti sísmicas y los efectos del sismo son aterradores. Chile, por el contrario, posee mejor economía y frente a los constantes sismos ha logrado invertir en tecnología y materiales mucho más resistentes.

Preparación interna.  

¿Qué puede hacer el ser humano frente a un terremoto  o una explosión  planetaria?, ¿con qué poder puede hacerle frente?

Estos interrogantes nos llevan a reconocer nuestra pequeñez y fragilidad humana y nos motivan a fortalecer nuestra dimensión espiritual. A acogernos al amor de Cristo, quien tiene vida eterna y nos concede trascender hasta la eternidad por medio de su poder y su gracia.  Así nos advierte en su Palabra: Velen en todo tiempo, pidiendo poder escapar de cuanto va a suceder y presentarse ante el Hijo del Hombre  (Lc 21, 36).

3. La capacidad de servicio

Gentes de todos los continentes han estado en pie y se han desplazado a los diversos sitios donde han ocurrido estos fenómenos. Nos enseñan con su generosidad y entrega a luchar por quienes se encuentran en situaciones muy delicadas. 

La niña Martina Maturana de 12 años nos conmueve con su gran sensibilidad, capacidad de servicio, porque más allá de sus juegos de niña pudo reconocer las señales que el terremoto le envió a su región.  Ella vive en la isla Robinson Crusoe, una de las tres que componen el archipiélago Juan Fernández en Chile.
Retomamos algunos aspectos de este milagro de vida que sucedió en Chile y de la carta que dirige Catalina Francor a la valerosa Martina Maturana.

  En Robinson Crusoe el sismo no se sintió con tanta fuerza; Martina le informó a su padre de lo que había sentido, con lo que este llamó al abuelo, que vivía en Valparaíso, y se enteró de la realidad de lo que estaba sucediendo.
A las tres de la mañana y al ver el extraño comportamiento de los barcos y las aguas en el puerto, la reacción de la niña, olvidándose de su temor y de ese instinto contrario de sobrevivir ella misma antes que cualquier cosa, fue salir corriendo de su casa en dirección a la plaza central para, sin saber bien cómo, hacer uso del mecanismo de emergencias allí ubicado y así, de alguna manera, informar a su gente que debían huir para salvar sus vidas.
Fue así como Martina Maturana hizo que poco a poco los habitantes de Robinson Crusoe fueran saliendo de sus casas para correr hacia las partes más altas de la isla, salvándose así de morir minutos después bajo los devastadores efectos de las olas que entraron a los que eran sus hogares destruyéndolos sin piedad alguna.
Como bien lo sabemos hoy, el Ministro de Defensa de Chile pidió disculpas por el error que se cometió al no prevenir a esta población acerca de un posible tsunami que pudiera desencadenarse luego del fuerte terremoto.
Pero a Martina nada la detuvo ni nadie le dijo lo que tenía que hacer; ella lo supo en cuanto se enteró de que los seres humanos que la habían rodeado durante sus cortos doce años de existencia estaban en peligro, y fue así como corrió imparable hacia la plaza para emitir el sonido que salvaría a cientos de personas de morir arrastradas por un mar que creció y entró sin avisar.
(www.catalinafrancor.com - El tiempo, Vida de hoy.
 
Aunque no tengamos los medios suficientes para enfrentar los fenómenos de la naturaleza y del universo, sí poseemos la riqueza de la vida espiritual que nos lleva a ser solidarios y a trabajar por el reino de Dios que se construye aquí en la tierra, pero que trasciende hasta la eternidad.

Jaime Aparicio M. multimedia2@paulinas.org.co

 

 
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