La presencia de Dios

Señor, tú me sondeas, me penetras y me conoces;
Sabes de mi vida más que nadie: lo sabes todo.
Cuando me siento, allí te tengo; cuando me acuesto, allí estás;
Donde quiera que esté tú te haces siempre presente.
¡Tú estás aquí: Dios, tú eres amor!

Cuando voy de camino, cuando corro como un loco;
Cuando huyo de mí mismo buscando lo que no encuentro;
Cuando llamo a una y otra puerta y todas se me cierran,
Donde quiera que vaya o huya, allí presente estás tú.
¡Tú estás aquí: Dios, tú eres amor!

Tú conoces los pensamientos de mi corazón;
Tú sabes de los deseos limpios o confusos de mi alma;
Tú estás al tanto de las tensiones o conflictos de mi vida;
Tú sientes mi dolor cuando quiero ocultarlo:
En el dolor estás tú.
¡Tú estás aquí: Dios, tú eres amor!

¿A dónde iré, Señor, que pueda alejarme de ti y no verte?
¿A dónde huiré y deje a mis espaldas tu rostro?
¿A dónde caminaré que no encuentre tus huellas en el camino?
Donde yo llego, estás tú.
¡Tú estás aquí: Dios, tú eres amor!
(Emilio M. Mazariegos)

SONDEAME, SEÑOR Y CONOCE MI CORAZÓN.
(SALMO 139)