“¡Paulinas”… de Pablo!
Mensaje de Sor Antonieta Bruscato Superiora General a la Hijas de san Pablo
Pablo desde siempre es nuestro Padre y Fundador… ¡por esto nos llamamos “Paulinas”! Refiriéndose ya a la experiencia de Susa, Maestra Tecla narraba: San Pablo era el dueño de casa: en el negocio se había puesto el cuadro grande, se había preparado un altarcito y siempre se tenía una lámpara encendida y el altarcito adornado con flores. Algunas de las hijas y escolares de la ciudad, especialmente alguna, llevaba cada tanto las flores y las ofrecían a San Pablo. Todo esto a nosotras nos daba gusto porque deseábamos que San Pablo entrara en todas partes. Hemos experimentado muchas veces su protección especial, sin contar las que ni siquiera nosotras mismas habíamos notado o conocido (Le nostre origini, p. 19).
En el cuadragésimo aniversario de fundación, haciendo memoria del camino recorrido, Don Alberione precisaba ulteriormente: San Pablo Apóstol es nuestro Padre, Maestro y
Protector. Él ha hecho todo. Esta se llama Obra de San Pablo; el sentido no es como aquel entendido cuando se dice: tal persona es de Turín, es decir nació en Turín. El significado, en nuestro caso, es el entendido como cuando se dice: tal joven es de Pedro, es decir, es hijo de Pedro. Así San Pablo escribe a los Corintios: «In Christo Jesu per Evangelium ego vos genui».
La vida de la Familia Paulina viene de la Eucaristía; pero comunicada por San Pablo. El reconocimiento más vivo va a Jesús, Maestro Divino, en su Sacramento de luz y de amor; a la Reina de los Apóstoles, Madre nuestra y de todo apostolado; a San Pablo Apóstol, que es el verdadero Fundador de la Institución. De hecho, él es el Padre, Maestro, ejemplo y protector. Él se ha hecho esta familia con una intervención tan física y espiritual que nosotros ni siquiera ahora, al reflexionar, podemos entenderlo bien; y mucho menos explicar. Todo es suyo. De Él, el más completo intérprete del Maestro Divino, que aplicó el Evangelio a las naciones y llevó las naciones a Cristo. De El, cuya presencia en la teología, en la moral, en la organización de la Iglesia, en la adaptación del apostolado y de sus medios a los tiempos, es vivísima y substancial; y permanecerá tal hasta el fin de los siglos.
Todo movió, todo iluminó, todo alimentó; fue guía, ecónomo, defensor y apoyo; en todas partes donde la Familia Paulina se estableció (…). No lo hemos elegido nosotros;
por el contrario, es él San Pablo, quien nos ha elegido a nosotros. La Familia Paulina hoy, debe ser San Pablo viviente, según la mente del Maestro Divino; operante bajo la mirada y con la gracia de María Reina de los Apóstoles (CVV 212).
Pablo es verdaderamente nuestro Padre, aquel que nos acoge, nos ama, nos protege y nos apoya, aquel que ha sido “Padre y Madre para todos sus hijos”: “Per evangelium ego vos genui” (1 Cor 4,15; cf UPS I, 11).
Como Pablo, estamos llamadas a permitir al Espíritu que repita en nosotras el admirable camino de gracia para realizar aquel proceso gradual de conformación en Cristo, para que sólo Él “viva piense, ame, quiera, sufra, muera y resucite en nosotros”.
Y viva, piense, ame, quiera… en todos los hombres y mujeres a los que estamos llamadas a llegar a través de las distintas formas del apostolado.
VOLVER A MENÚ AÑO DE SAN PABLO |