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La ”caída” en el camino de Damasco


Pero, algo inesperado sucedió. Un día que iba al frente de un grupo de soldados para tomar prisioneros a los cristianos de Damasco, se le apareció Jesús y cambió el rumbo de su vida. Así relata aquel acontecimiento el libro de los Hechos de los Apóstoles:

Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de repente lo rodeó una luz fulgurante venida del cielo y, cayendo por tierra, oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Él dijo: “¿Quién eres, Señor?”. “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer”. Los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y, abiertos los ojos, nada veía. Y llevándolo de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió (Hch 9,3-9).

La entrada de Jesús no fue pacífica, sino una violenta tempestad. Y no era para menos, pues Pablo siempre tuvo una convicción inamovible por sus ideales. Primero persiguió a los cristianos con ánimo enardecido y luego fue un apóstol infatigable del evangelio. La vocación se puede enmarcar con cuatro imágenes que indican la magnitud del cambio que tuvo la vida de Pablo.

1. La “caída”. Dios no pidió permiso para entrar en su vida, simplemente lo derribó. Es evidente la imagen, pues, como vimos antes, el futuro brillante que tenía por delante se vino al piso en un parpadeo.

2. La ceguera. La luz que lo envolvió y lo hizo caer al suelo fue tan singular que lo cegó por tres días. Esta imagen indica muy bien cómo Dios le hizo vivir la experiencia pascual: tres días en sombras de muerte para resucitar a una nueva vida.

3. El aborto. Imagen dura, pero diciente. El apóstol la expresa en 1Co 15,8: “Por último se me apareció a mí, que soy un aborto”. Su nacimiento para Cristo no fue normal. Dios lo hizo nacer de manera forzada. El apóstol fue sacado del mundo judío de manera abrupta.

4. “Fui alcanzado”. Pablo escribió a los filipenses: “Procuro alcanzarlo así como yo mismo fui alcanzado por él” (3,12). Esta imagen hace pensar en que Dios estuvo siempre detrás del apóstol, como si la caída del caballo hubiera sido por causa de una mano que lo detuvo y le cambió el rumbo.

Mientras Lucas cuenta con detalle la manera como la luz del Resucitado alcanzó a Pablo y cambió fundamentalmente su vida, en sus cartas el Apóstol va directamente a lo esencial y habla no sólo de una visión (cf. 1Co 9,1), sino de una iluminación (cf. 2Co 4,6) y sobre todo de una revelación y una vocación en el encuentro con el Resucitado (cf. Ga 1,15-16). De hecho, se definirá explícitamente “apóstol por vocación” (cf. Rm 1,1; 1Co 1,1) o “apóstol por voluntad de Dios” (2Co 1,1; Ef 1,1; Col 1,1), como queriendo subrayar que su vocación no era el resultado de reflexiones, sino el fruto de una gracia divina imprevisible. A partir de entonces, todo lo que antes constituía para él un valor se convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura (cf. Flp 3,7-10). Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Su existencia se convertirá en la de un apóstol que quiere “hacerse todo a todos” (1Co 9,22) sin reservas.

 

.....Paulinas Colombia 2008.....