
La pasión de san Pablo por Cristo
El encuentro con Cristo
Pablo fue un enamorado de la persona de Cristo. Encontrarse con Jesús Resucitado fue la experiencia más grande, profunda y decisiva de su vida. Experiencia de gozo, de amor y libertad. Cristo rompió la losa del sepulcro de su orgullo y autosuficiencia y lo resucitó por dentro. En adelante sintió la necesidad de evangelizar: “¡Ay de mí si no evangelizo!” (1Co 9,16).
El encuentro con Cristo en el camino de Damasco revolucionó su vida. Cristo se convirtió en su razón de ser y en el motivo profundo de todo su trabajo apostólico. En sus cartas, después del término Dios, que aparece más de quinientas veces, el nombre mencionado con más frecuencia es el de Cristo (trescientas ochenta veces).
“Somos justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Rm 3,24). Con estas palabras, san Pablo expresa el contenido fundamental de su conversión, el nuevo rumbo que tomó su vida como resultado de su encuentro con Cristo resucitado. San Pablo, antes de la conversión, no era un hombre alejado de Dios y de su ley. Al contrario, era observante, con una observancia fiel que rayaba en el fanatismo. Sin embargo, a la luz del encuentro con Cristo comprendió que con ello sólo había buscado construirse a sí mismo, su propia justicia, y que con toda esa justicia sólo había vivido para sí mismo. Comprendió que su vida necesitaba una nueva orientación. San Pablo ya no vivió para sí mismo, para su propia justicia. Vivió de Cristo y con Cristo, dándose a todos por Cristo. |