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Amor por Cristo crucificado y resucitado


Pero Pablo es sobre todo un enamorado de Cristo crucificado y resucitado. En él vive el “Yo” de Cristo (Ga 2,20) representado fielmente en el calvario de sus innumerables sufrimientos (2Co 11,23-33). Esta unión vital con Cristo crucificado y resucitado lo hace padre y modelo de numerosos creyentes que son engendrados a la fe, por “sus cadenas” y su predicación. Así como de la muerte de Jesús nace la vida, así en las tribulaciones de Pablo, el dolor se transforma en alegría, la vergüenza en vanagloria, la condena en perdón. Por ello, él podrá exhortar a sus discípulos a ser sus imitadores, como él lo es de Cristo (1Co 4,16; 11,1). El apóstol se muestra contento de los sufrimientos que soporta por ellos, completando en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su cuerpo que es la Iglesia (Col 1,24).

El amor de Pablo por Cristo llega a implicar todos los aspectos de su vida. Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Espíritu es de Cristo, todo ha sido creado por Él y para Él, la Iglesia es “Cuerpo de Cristo”, los apóstoles son “siervos de Cristo”. Todos los bautizados son una sola persona en Cristo. A quien se proclama justo delante de Dios por las obras de la ley judía, Pablo opone precisamente la fe en Cristo como camino de justificación (Ga 2,16). “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia”, escribe a los filipenses (1,21).

Después de los tres viajes misioneros y del ministerio desarrollado en Jerusalén, el Señor lo envió a dar testimonio de Él “también en Roma” (Hch 23,11). Su trabajo constante no consistió sólo en la predicación de la verdad, sino también la edificación de la unidad, porque el anuncio del evangelio no puede prescindir de la concordia entre los creyentes. Su apostolado asumirá destinatarios distintos de aquellos de los “primeros” apóstoles, pero siempre en sintonía con Pedro y los demás apóstoles y según las manifestaciones del Espíritu, hasta derramar su sangre como manifestación plena de su amor por Cristo.

Pablo se constituyó en luz de Cristo para muchos. Habló con pasión de Aquél que amaba y al que le había dado su vida. Tanto amor puso en lo que hacía por y para Cristo, que el hombre recio y batallador, arriesgado hasta la audacia, se constituyó en madre que anunció a muchos el Evangelio, tal como lo manifiesta de manera entrañable a los gálatas: “Hijos míos, otra vez sufro dolores de parto, hasta que Cristo se forme en ustedes” (4,19).

.....Paulinas Colombia 2008.....