10 de Julio

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

 

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 49, 29-33; 50, 15- 26a

En aquellos días, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: “Cuando me reúna con los míos, entiérrenme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita, la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, en Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas”. Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos. Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: “A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos”. Y mandaron decirle: “Antes de morir tu padre nos encargó: ‘Esto dirán a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron’. Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre”. José, al oírlo, se echó a llorar. Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: “Aquí nos tienes, somos tus siervos”. Pero José les respondió: “No tengan miedo; ¿soy yo acaso Dios? Ustedes intentaron hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no teman; yo los mantendré a ustedes y a sus hijos”. Y los consoló, hablándoles al corazón. José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín, hasta la tercera generación, y también los hijos de Maquir, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas. José dijo a sus hermanos: “Yo voy a morir. Dios cuidará de ustedes y los llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob”. Y los hizo jurar: “Cuando Dios cuide de ustedes, llevarán mis huesos de aquí”. José murió a los ciento diez años de edad.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 104, 1-4. 6-7

 

 R.  Humildes, busquen al Señor, y revivirá su corazón.

Den gracias al Señor, invoquen su nombre, den a conocer sus hazañas a los pueblos. Cántenle al son de instrumentos hablen de sus maravillas /R. 

Gloríense de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro /R.  

¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, Él gobierna toda la tierra /R.

 

 

Evangelio San Mateo 10, 24-33

 

“No tengan miedo a los que matan el cuerpo”

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengan miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche díganlo en pleno día, y lo que escuchen al oído, pregónenlo desde la azotea. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, teman al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga su Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo; no hay comparación entre ustedes y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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