13 de Abril

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

 

Lectura del Libro de Isaías 50, 4-9a

El Señor me ha dado labios persuasivos para saber decir una palabra de aliento a los cansados. Cada mañana poner alerta mi oído para que escuche dócilmente. El Señor me abrió el oído, y yo no he opuesto resistencia ni me he vuelto atrás. He dejado que me azoten las espaldas y me arranquen  la barba. No he escondido el rostro a los que me insultaban y escupían. El Señor es quien me ayuda, por eso no me rindo a los insultos. Por eso me mantengo firme como roca, y estoy seguro de que Él nunca me defraudará. Cerca está el defensor de mi inocencia: ¿hay alguien que me ponga pleito? Preséntese conmigo para el juicio. Si tiene algo en contra mía, que comparezca junto a mí. El Señor es quien me ayuda, ¿quién podrá condenarme?

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34

R. Soy pobre y estoy malherido, Dios mío, tu salvación me levante.

Por ti he aguantado afrentas, la vergüenza cubrió mi rostro / R. 

Soy un extraño para mis hermanos, un extranjero para los hijos de mi madre; porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí / R. 

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión, y no la hay; consoladores y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre / R.

Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias / R.

Mírenlo los humildes, y alégrense, busquen al Señor, y revivirá su corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos / R.

 

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 26, 14-25

 

“El Hijo del hombre sigue su camino, como está consignado acerca de Él en la Escritura. Pero, ¡ay de aquel que va a traicionarlo!”

 

Uno de los doce apóstoles, llamado Judas Iscariote, se fue a donde los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Qué quieren darme? y yo les entrego a Jesús”. Ellos le pagaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento empezó él a buscar una ocasión propicia para entregarlo. El primer día de la fiesta del Pan Ázimo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena pascual?”. Él les dijo: “Vayan a la ciudad, a donde fulano, y díganle: El Maestro manda decir: ‘Ya se acerca mi hora. Quiero celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’”. Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado y prepararon la cena pascual. Al atardecer se sentó a la mesa con los doce discípulos. Y cuando estaban comiendo les dijo: “Yo les aseguro: uno de ustedes me va a traicionar”. Ellos, muy tristes, empezaron uno por uno a replicarle: “¡No seré yo, Señor!”. Pero Él les respondió: “Uno que ha comido conmigo del mismo plato, es el que me va a traicionar. El Hijo del hombre sigue su camino, como está consignado acerca de Él en la Escritura. Pero, ¡ay de aquel que va a traicionar al Hijo del hombre! Más le valiera no haber nacido”. Judas, el que lo estaba traicionando, le replicó: “¡No seré yo, Rabí!”. Jesús le respondió: “Tú mismo lo has dicho”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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