14 de Agosto

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Josué 24, 14-29

En aquellos días, Josué continuó hablando al pueblo: “Pues bien, teman al Señor, sírvanle con toda sinceridad; quiten de en medio los dioses a los que sirvieron sus padres al otro lado del río y en Egipto; y sirvan al Señor.  Si no les parece bien servir al Señor, escojan hoy a quién quieren servir: a los dioses que sirvieron sus padres al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan; yo y mi casa serviremos al Señor”. El pueblo respondió: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; Él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; Él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!”. Josué dijo al pueblo: “No podrán servir al Señor, porque es un Dios santo, un Dios celoso. No perdonará sus delitos ni sus pecados. Si abandonan al Señor y sirven a dioses extranjeros, se volverá contra ustedes y, después de haberlos tratado bien, los maltratará y los aniquilará”. El pueblo respondió: “¡No! Serviremos al Señor”. Josué insistió: “Son testigos contra ustedes mismos de que han elegido servir al Señor”. Respondieron: “¡Somos testigos!”. Josué contestó: “Pues bien, quiten de en medio los dioses extranjeros que conservan, y pónganse de parte del Señor, Dios de Israel”. El pueblo respondió: “Serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos”. Aquel día, Josué selló el pacto con el pueblo y les dio leyes y mandatos en Siquén. Escribió las cláusulas en el libro de la ley de Dios, cogió una gran piedra y la erigió allí, bajo la encina del santuario del Señor, y dijo a todo el pueblo: “Miren esta piedra, que será testigo contra ustedes, porque ha oído lo que el Señor nos ha dicho. Será testigo contra ustedes, para que no puedan renegar de su Dios”. Luego despidió al pueblo, cada cual a su heredad. Algún tiempo después murió Josué, hijo de Nun, siervo del Señor, a la edad de ciento diez años.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 15, 1-2a. 5. 7-8. 11

 

 R.  Tú, Señor, eres el lote de mi heredad. 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano /R. 

Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré /R.  

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha /R.

 

Evangelio San Mateo 19, 13-15

 

“No impidan a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos”

 

En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: “Déjenlos, no impidan a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos”. Les impuso las manos y se marchó de allí.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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