16 de diciembre

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 54, 1-10

Alégrate, ciudad estéril y sin hijos; canta, grita de júbilo, tú que no tenías dolores de parto; porque dice el Señor que la mujer abandonada tendrá más hijos que la que vive con el marido. Ensancha el recinto de tus muros, deja que construyan albergues para tus habitantes, refuerza las bases y amplía tus pabellones, porque te vas a extender a derecha e izquierda. Tu descendencia heredará naciones y repoblará ciudades destruidas. No temas, Jerusalén, que ya no tendrás de qué avergonzarte; no te confundas, que no fracasarás. Olvidarás las torpezas de tu juventud, y las humillaciones de tu viudez no las recordarás. De nuevo tu Creador te toma por esposa, su nombre es “Señor Omnipotente”; el Santo de  Israel es tu Redentor, Él se llama “Dios del mundo entero”. Eras una esposa abandonada, agobiada  de dolor, una joven tomada por esposa y luego repudiada; pero el Señor vuelve a llamarte. Tu Dios te dice: “Por un breve instante te abandoné, pero con inmensa compasión te traigo de nuevo junto a mí. En un arrebato de ira, por un momento te oculté mi rostro, pero un amor eterno me mueve a perdonarte –lo dice el Señor tu Redentor-. Así como juré a Noé, cuando el diluvio, que el agua no volvería a inundar la tierra, ahora juro no volver a enojarme contigo, no volver a amenazarte”. Aunque las montañas cambien de lugar y se derrumben los cerros, mi amor por ti no cambiará, ni se derrumbarán mis promesas de paz –lo dice el Señor, que tiene compasión de ti-.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 29, 2. 4-6. 11-13b

 R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa / R. 

Tañan para el Señor, fieles suyos, den gracias a su nombre santo;  su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo / R.  

Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre / R. 

 

 

Evangelio San Lucas 7, 24-30

 

“Juan el Bautista es el mensajero que prepara el camino al Señor”

 

Cuando se fueron los enviados de Juan el Bautista, empezó Jesús a hablar a la gente acerca de Juan: “¿Qué fueron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido delicadamente? No; los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales. Entonces, ¿qué fueron a ver?, ¿a un profeta? Sin duda que sí; pero yo les digo: mucho más que un profeta. Es de él de quien dice la Escritura: ‘Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino’. Les digo que no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan. Y sin embargo, el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él. Todo el pueblo, incluyendo a los recaudadores escuchó a Juan y recibió su bautismo, y así les dio la razón a Dios. En cambio, los fariseos y los maestros de la ley no lo aceptaron y por consiguiente rechazaron el designio que Dios tenía sobre ellos”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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