3 de Octubre

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24

Dijo el Señor Dios: “No conviene que el hombre esté solo. Voy a darle alguien que lo ayude y acompañe”. Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo todos los animales salvajes y todas las aves del cielo y se los presentó al hombre para ver qué nombre les podría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que el hombre le pusiera. Y el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales salvajes; pero entre ellos no encontró ayuda y compañía. Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando se durmió, le sacó una costilla y rellenó con carne el lugar vacío. Luego con la costilla que había sacado del hombre formó a la esposa y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: “¡Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará ‘esposa’ porque fue sacada del esposo”. Por eso, el esposo deja a su padre y a su madre y se une a su esposa, y los dos llegan a ser una sola carne.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 127, 1-6

 

 R. Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida

¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien /R. 

Tu mujer, como una vid fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa /R.  

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión /R.

Que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida. Que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! /R.

 

Segunda Lectura

Lectura de la Carta a los Hebreos 2, 9-11

Hermanos: A Jesús, que se hizo poco inferior a los ángeles, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por haber sufrido la muerte. Así quiso Dios en su amor que probara la muerte para bien de todos y cada uno de nosotros. Pues, Dios, origen y término de todo, juzgó conveniente llevar a una multitud de hijos a la gloria consagrando con sufrimiento a su Guía y Salvador. Porque tanto Jesús, que nos santifica, como los que somos santificados tenemos un mismo origen. Por eso no se avergüenza de llamarnos hermanos.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Evangelio San Marcos 10, 2-16

 

“Lo que Dios unió no debe separarlo el hombre”

 

En cierta ocasión, se le acercaron a Jesús unos fariseos y para ponerlo en aprietos le preguntaron si un hombre podía despedir a su mujer. Él les respondió: “¿Qué fue lo que determinó Moisés?”. Ellos dijeron: “Moisés permitió despedir a la mujer dándole el acta de divorcio”. Pero Jesús les dijo: “Moisés les dio a ustedes esa ley por la dureza de su corazón. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso, el esposo deja a su padre y a su madre y se une a su esposa, y los dos llegan a ser una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Por consiguiente, lo que Dios unió no debe separarlo el hombre”. Una vez en casa, los discípulos le preguntaron sobre lo mismo. Él les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra su mujer; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Entonces le trajeron unos niños para que los bendijera, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerque a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que no entra al reino de Dios el que no lo recibe como un niño”. Después abrazó a los niños y se puso a bendecirlos, imponiéndoles las manos.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

¿Requiere asesoria? Activar chat