30 de Enero

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 1, 4-5. 17-19

En tiempos del rey Josías, el Señor me dirigió la palabra y me dijo: “Antes que te formara en el seno materno, me fijé en ti, antes que nacieras, te consagré a mi servicio y te hice profeta para las naciones. Así pues, manos a la obra: ponte en pie y diles todo lo que yo te mande. No les tengas miedo, y yo no te haré temblar ante ellos. Mira: yo te convierto hoy en ciudad fortificada, en columna de hierro, en muralla de bronce, para que te enfrentes a todo el país de Judá, a sus reyes y sus notables, a los sacerdotes y a la masa del pueblo. Ellos te harán la guerra, pero no te vencerán, pues yo estoy contigo para librarte. Yo, el Señor, doy mi palabra”.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 70, 1-6. 15. 17

R. Ante todo el mundo, Señor, proclamaré tu auxilio.

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame / R.

Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa / R.

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías / R.

Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas / R.

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 21-30

 

«Jesús, como Elías y Eliseo, no fue enviado solo a los judíos«

 

Después de leer el pasaje del profeta Isaías, Jesús comenzó a decir en la sinagoga de Nazaret: “Este pasaje de la Escritura se ha cumplido al escucharlo hoy ustedes”. Y todos le manifestaban su aprobación y estaban llenos de admiración por el lenguaje de misericordia que empleaba, y comentaban: “¿No es este el hijo de José?”. Él les respondió: “Sin duda me aplicarán aquel dicho: ‘Médico, cúrate a ti mismo’ y me dirán: Haz también aquí en tu patria todo lo que hemos oído decir que hiciste en Cafarnaún”. Y añadió. “Yo les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que en tiempo de Elías,  cuando dejó de llover por tres años y medio y hubo un hambre tan grande en todo el país, había muchas viudas en Israel; y sin embargo Elías no fue enviado a socorrer sino a  aquella viuda que vivía en Sarepta, en el territorio de Sidón. Y también en tiempo del profeta Eliseo había muchos leprosos en Israel, y ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”. Al oír esto, todos en la sinagoga se llenaron de rabia, se pusieron de pie y sacaron a Jesús y lo llevaron hasta un barranco en la montaña donde está construida la población, con intención de despeñarlo. Pero Él se abrió paso entre ellos y se alejó.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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