5 de diciembre

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Baruc 5, 1-9

Quítate, Jerusalén, ese vestido de luto, que te humilla, y vístete de gala con la gloria eterna que te da Dios. Cúbrete con el manto del triunfo que Él te ofrece, ponte en la cabeza la corona de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará a toda la tierra tu esplendor, y llevarás por siempre este nombre dado por Él mismo: “Paz en la justicia y gloria en la piedad”. Levántate, Jerusalén, colócate en la altura; dirige tu mirada hacia el oriente, y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente por orden del Dios santo, felices porque Dios se acordó de ellos. Al alejarse de ti iban a pie, forzados por el enemigo; y ahora Dios te los devuelve: los traen con honor, como reyes en sus tronos. Dios ha ordenado rebajar los cerros elevados, las inmóviles cumbres, y rellenar las hondonadas hasta que quede llano el suelo, para que pase Israel tranquilamente, guiado por la gloria de Dios. Por orden suya, los bosques dan sombra a Israel, a su paso exhalan perfume las plantas aromáticas. ¡Con tanto júbilo conducirá Dios a Israel, iluminándolo con su gloria y mostrándole su compasión y su poder!

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 125, 1-6

 R. Señor, tú cambias nuestro llanto en alegría.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares  / R. 

Hasta los gentiles decían: “El Señor ha estado grande con ellos”. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres / R.  

Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares / R. 

Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas / R. 

 

Segunda Lectura

Lectura de la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11

 

Hermanos: Siempre que ruego a Dios por todos ustedes, lo hago con  alegría, dándole gracias porque desde el primer día hasta hoy han tomado parte conmigo en la difusión del Evangelio. Estoy seguro de que Dios, que comenzó en ustedes esta obra buena, la habrá llevado a término el día de la venida gloriosa de Cristo Jesús. Tengo a Dios por testigo del deseo que siento de verlos nuevamente, deseo entrañable como del corazón mismo de Cristo. Por eso ruego en la oración que su amor crezca más y más en conocimiento de Dios y en capacidad de discernir, para poder acertar con lo mejor. Así se mantendrán puros, y Cristo, cuando venga glorioso, los encontrará irreprochables y cargados de frutos de buenas obras realizadas gracias a Él, para gloria y alabanza de Dios.

 

Evangelio San Lucas 3, 1-6

 

Verán todos los mortales la salvación que trae Dios

 

El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes Antipas tetrarca de Galilea, Filipo su hermano tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el tiempo en que Anás y Caifás eran sumos sacerdotes, dirigió Dios su palabra a Juan hijo de Zacarías en el desierto. Recorrió entonces toda la región que está a lado y lado del Jordán llamando a todos a convertirse y a bautizarse para obtener el perdón de los pecados, según está escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: ¡Preparen el camino del Señor! ¡Ábranle vías rectas! Toda hondonada debe rellenarse, todo cerro y colina rebajarse. Que lo torcido se enderece, que se allanen los senderos escabrosos. Y verán todos los mortales la salvación que trae Dios”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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