5 de Septiembre

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Digan a los cobardes: ¡Valor! ¡No tengan miedo!  Miren: ya llega su Dios a hacer justicia, viene a dar a cada cual su merecido; viene en persona y les da la salvación. Entonces los ciegos recobrarán la vista, los oídos del sordo se abrirán, los cojos tendrán agilidad de venados, los mudos cantarán. Brotará el agua en el desierto, lo regarán torrentes; entonces se volverá un lago el arenal, el yermo se llenará de manantiales.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 145, 7-10

 

 R. Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos /R. 

El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos. El Señor guarda a los peregrinos /R.  

Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad /R.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Segunda Lectura

Lectura de la Carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos, no enturbien con discriminaciones la fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado. Supongamos que llega a la asamblea cristiana un hombre con anillo de oro y elegante vestido, y llega también un pobre con ropa sucia; y al de vestido elegante lo atienden y le ofrecen un buen asiento, y en cambio al pobre le dicen: “Tú quédate ahí de pie” o “siéntate aquí a mis pies”. ¡Estarían haciendo discriminaciones, basados en criterios injustos! Escuchen, hermanos míos queridos: ¿no son acaso los pobres a los ojos del mundo los que Dios escogió para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Evangelio San Marcos 7, 31-37

 

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 

Al volver Jesús de la región de Tiro, pasó por Sidón y se fue al lago de Galilea, en pleno territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo y tartamudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo apartó de la gente. A solas con él, le metió los dedos en los oídos, y con el dedo untado en saliva le tocó la lengua; y mirando al cielo suspiró y le dijo: “Effatá” (que quiere decir: Ábrete). E inmediatamente se le abrieron los oídos y se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad. Entonces les mandó que no se lo dijeran a nadie. Pero mientras más les mandaba, más lo pregonaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “¡Todo lo ha hecho bien! ¡Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos!”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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