6 de Junio

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18

Estando los israelitas en el desierto de Sinaí, bajó Moisés del monte y comunicó al pueblo el decálogo del Señor y los demás mandatos, y el pueblo contestó a una: “Pondremos en práctica el decálogo que promulgó el Señor”. Entonces Moisés lo puso por escrito; madrugó y levantó al pie del monte un altar y doce piedras, una por cada tribu de Israel. Mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer holocaustos y hacer sacrificios de comunión inmolando novillos en honor del Señor. Después tomó la mitad de la sangre y la echó en recipientes, y con la otra mitad roció el altar. Tomó el documento de la alianza y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió: “Haremos todo lo que dice el Señor y obedeceremos”. Y con el resto de la sangre roció al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que el Señor hace con ustedes, de acuerdo con las palabras del decálogo”.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 115, 12-13. 15-18

 

 R.  Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre /R. 

Vale mucho a los ojos del Señor la vida de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas /R.  

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo /R.

 

Segunda Lectura

Lectura de la Carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos: Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos, pasó a través de un tabernáculo mayor y más perfecto, no hecho por mano de hombre, es decir, no de esta creación, después de haber derramado, no la sangre  de machos cabríos o novillos, sino su propia sangre; y entró de una vez para siempre hasta el santuario mereciéndonos la redención eterna. Porque si la sangre de machos cabríos y toros y las cenizas de una novilla, esparcidas sobre los impuros, pueden consagrarlos devolviéndoles la pureza externa, con mayor razón la sangre de Cristo que en oblación espiritual y eterna se ofreció a Dios como víctima sin defecto, purificará nuestra conciencia de obras muertas, para ponernos al servicio del Dios vivo. Por eso Él es mediador de una alianza nueva, o sea, del nuevo testamento. Con su muerte nos redimió de los pecados cometidos bajo la primera alianza. Y así, los que hemos sido llamados a la herencia eterna podremos recibirla de manos de Dios, que nos la prometió.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

 

Evangelio San Marcos 14, 12-16. 22-26

 

“Esto es mi Cuerpo”. “Esto es mi Sangre”

 

El primer día de la fiesta del Pan Ázimo, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús los discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena pascual?”. Él envió a dos de ellos diciéndoles: “Vayan a la ciudad. Allá les saldrá al encuentro un hombre cargado con una tinaja llena de agua. Síganlo y en la casa donde entre díganle al dueño de la casa: El Maestro manda preguntar dónde está la sala para comer el cordero pascual con sus discípulos. Y él les mostrará una sala grande en el piso alto, ya lista y arreglada con cojines. Prepárennos allá lo necesario”. Los discípulos se fueron, y al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la cena pascual. Cuando estaban comiendo, Jesús tomó pan, pronunció sobre él la bendición, lo partió, se lo repartió y les dijo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”. Tomó  luego una copa, dio gracias a Dios  y se la pasó. Todos bebieron de ella. Y Él les dijo: “Esto es mi Sangre, la Sangre de la alianza, que será derramada por todos. Yo les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba un vino nuevo en el reino de Dios”. Y terminado el canto de los salmos, salieron para el Monte de los Olivos.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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