Celebraciones para el año litúrgico

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Durante el año litúrgico vivimos diferentes celebraciones que enriquecen nuestra experiencia de fe y nos ayudan a profundizar los principales misterios de la vida de Cristo. Con el deseo de vivir más conscientemente cada una de estas celebraciones, hemos querido crear este espacio para ofrecerte diferentes ayudas y herramientas para profundizar y animar la vivencia de los principales misterios de nuestra vida cristiana.

Pentecostés

Pentecostés es la fiesta que nos congrega como Iglesia cincuenta días después de la resurrección de Jesús. En ella, recordamos la venida del Espíritu Santo sobre María y los discípulos mientras estaban reunidos en oración (Hch 1, 12-14; 2,1).
Celebración que se actualiza en nosotros y nos hace partícipes de los dones y los frutos del Espíritu Santo.

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La Pascua es un tiempo litúrgico marcado por la fe, la alegría, la esperanza y el renacer a una vida nueva. Al igual que con sus primeros discípulos, Cristo Resucitado sale a nuestro encuentro para mostrarnos que la muerte no es el final de nuestra existencia sino la posibilidad de nacer a vida nueva en Dios. Así mismo, con su pedagogía el resucitado restaura nuestras dudas, disipa nuestros temores, escucha nuestros sufrimientos, nos explica el sentido de las Sagradas Escrituras y acompaña de cerca las diferentes realidades que vivimos. Que ante la coyuntura actual que todavía vivimos por el coronavirus el resucitado llene nuestra vida con su luz y nos ayude a recuperar la esperanza en un mañana mejor.

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La Semana Santa nos invita a recorrer junto a Jesús los misterios centrales de nuestra fe: su pasión, muerte y resurrección. Misterios que revelan el gran amor que Dios nos tiene y el llamado que nos hace a vivir su misma entrega, en los gestos de bondad, amor y servicio que podamos tener hacia los demás.

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El tiempo de Cuaresma nos invita a mirar de nuevo el corazón  para encontrarnos con Dios y descubrir lo mucho que necesitamos de su presencia. Por eso, queremos invitarte a vivir este tiempo profundizando el sentido de sus celebraciones litúrgicas; alimentando tu espíritu y el de los tuyos a través de la lectura, escucha y profundización de la liturgia diaria; compartiendo en familia a través del rezo del santo Vía Crucis los viernes de cuaresma y la Lectio Divina  dominical.